Oráculo
Oráculo
Hierro y alabastro
50 x 56 x 20 cm / 9,300 Kg
Bajo la iluminación de un claroscuro místico, Oráculo se manifiesta como presencia silenciosa. No observa al espectador: lo invita a observarse. En su atmósfera sagrada, introspectiva y etérea, la escultura propone una verdad antigua y persistente: la visión más profunda no ilumina el mundo exterior, sino que revela quiénes somos cuando nos atrevemos a mirar sin velos.
Este oráculo, fuera del tiempo histórico, no sería un lugar en el que buscar respuestas inmediatas, sino el lugar donde realizar preguntas esenciales. Las estrías del iris, a modo de inscripciones grabadas en la superficie circular, no indican direcciones concretas: recuerdan que el sendero – igual que la vida – no se recorre con los ojos físicos, sino con la lucidez, casi clarividente, que nace al mirar hacia dentro.
"Conócete a ti mismo" Inscripción del templo de Apolo en Delfos, atribuida a Quilón de Esparta.

Oráculo es una escultura tallada íntegramente en alabastro traslúcido y contenida por una estructura de hierro. Esta obra muestra una tensión esencial entre fragilidad y firmeza, entre lo que se deja atravesar por la luz y lo que resiste al tiempo.
El alabastro, material históricamente ligado a lo sagrado, encarna la vulnerabilidad del alma. Su cualidad translúcida permite que la luz nazca desde el interior de la escultura, simbolizando la visión interna: aquella que no depende de los sentidos externos, sino de la capacidad de introspección. Las vetas naturales de la piedra evocan las huellas de la experiencia humana: no defectos, sino marcas del aprendizaje vital. En Oráculo, ver es aceptar ser atravesado por la luz, aun a riesgo de quebrarse.
El iris, patinado con capas de óleo en tonos oscuros, representa la mirada interior, moldeada por la vida. Cada veladura es una experiencia acumulada: pérdidas, deseos, miedos, revelaciones. El óleo no oculta la transparencia del alabastro, sino que la filtra, recordándonos que no percibimos la realidad de forma pura, sino teñida por nuestra historia emocional. La oscuridad del color no simboliza ceguera, sino profundidad: cuanto más vivido, más compleja se vuelve la visión.
El hierro, que acompaña y sostiene la escultura, introduce el contrapunto material y simbólico. Es la estructura, la disciplina, el peso de lo real. Frente a la delicadeza del alabastro, el hierro representa la voluntad, el cuerpo, el destino inevitable. Juntos, ambos materiales afirman que la claridad interior no surge sin resistencia, y que la espiritualidad auténtica necesita anclarse en la materia.




